domingo, 22 de abril de 2012

CLARK GABLE Y CAROLE LOMBARD

Ella era una chica que sabía cómo conseguir lo que quería. Poco tiempo después, en el Día de San Valentín, Carole –sabedora de la afición de Clark por los autos caros – compró un desvencijado y viejo cacharro, lo pintó en color blanco con corazones rojos y lo envió a la Metro-Goldwyn-Mayer. 

 Al poco tiempo comenzaron a salir juntos. Clark tenía sus dosis de romances extramaritales, pero estaba cautivado con Carole, quien nunca tomó muy en serio su enorme fama. Cuando Clark fue coronado “El Rey de Hollywood” en la NBC (la “reina” fue Myrna Loy), Carole no tenía razón para sentirse insegura – en 1937, había sido la actriz mejor pagada de Hollywood. Carole era una bromista conocida; nada era sagrado para “Ma” como la llamaba Clark, ni siquiera los dientes postizos de “Pa” (“Mammy” y “Papy” eran sus otros nombres de cariño) Constantemente ella le recordaba a él su notorio fracaso, Parnell, y en una ocasión mandó a imprimir volantes para repartirlos en la MGM elogiando una buena presentación del filme, pero en China. “¡No pueden equivocarse 50 millones de chinos!”, decía el mensaje. Incluso sus peleas eran coloridas. 

Después de sus pleitos, Carole enviaba más jaulas con pájaros, aunque comenzó a acusar a Clark de comerse a las aves. La relación no estuvo exenta de un tinte de escándalo. Carole se divorció de William Powell, pero Clark seguía casado con Ria, una mujer rica de sociedad, 17 años más grande que él y no tenía planes inmediatos de divorciarse. Clark, un hombre notablemente frugal, quizás evitaba tomar una decisión porque no quería enfrentar el enorme acuerdo financiero que Ria demandaba. Este era un problema no sólo para los amantes, sino para Louis B. Mayer quien, como dueño de la MGM, tenía a Clark bajo contrato – y ese contrato incluía una cláusula de moralidad. Aunque ella era una conocida mujer de fiestas, Carole se retiró de la escena social con el fin de ejercer actividades viriles que a Clark le gustaban – ver encuentros de box, de béisbol en el Campo Gilmore y carreras de caballos en Santa Anita, así como ir a pescar, practicar el tiro e ir de cacería. Clark no estaba interesado en el papel de Rhett Butler – su mala experiencia con trajes de época como en Parnell no estaba olvidada – pero no tenía otra alternativa. 

El productor David O. Selznick queria a Clark, quien aún estaba bajo el contrato de la MGM, y Carole lo alentó enormemente para que tomara el papel. Selznick se reunió con Mayer, su suegro, para pedirle prestado a Clark, además de establecer un acuerdo para financiar a cambio del actor los derechos de distribución y 50% del trato ofreciéndole a Clark como incentivo financiero para ayudarlo con su divorcio. Al mismo tiempo, un impresionante artículo de la revista Photoplay, titulado “Esposos y esposas no casados de Hollywood”, apresuró más a la pareja hacer legal su relación. Con tanto en riesgo en Lo que el viento se llevó, seguramente Mayer no iba a querer que la estrella de cine se viera envuelto en la vergüenza, y por esta razón Clark puso su vida amorosa en orden. 

Una vez que el divorcio fue otorgado, el 8 de marzo de 1939, Carole le dijo a la columnista de chismes, Louella Parsons, “cuando Clark tenga unos días libres, tal vez nos escabullamos y llevemos a cabo la ceremonia”. Ciertamente, a dos meses de que la filmación de Lo que el viento se llevó comenzó, y tres semanas después de que Victor Flemming remplazara a george Cukor como director en el set, Clark se tomó seis días libres. Para escapar de la prensa, no le dijo nada sobre sus planes. En la mañana del 29 de marzo de 1939, la pareja partió para Kingman, Arizona, viajaron en auto 400 millas, con el publicista de la MGM, Otto Winkler, al volante del cupé azul DeSoto. La esposa de Winkler les proveyó de sándwiches. Justo en las afueras de Los Angeles se detuvieron en una florería, y ahí Clark compró dos claveles rojos para el ojal y un ramillete de lilas del valle y rosas color de rosa para Carole. 

Llegaron a Kingman esa tarde y fueron directamente a la alcaldía para conseguir su acta matrimonial. La pareja se cambió de ropa en la casa del reverendo Kenneth Engel. Carole vistió un traje de paño gris con un saco de lunares blanco y negro confeccionado por la diseñadora de vestuario Irene, quien diseñó mucho del guardarropa de Carole para las películas. Clark vistió un traje de sarga azul. En la rectoría de la Primera Iglesia Episcopal Metodista, la señora Engel tocó en el órgano Aquí viene la novia. Clark de 38 años deslizó una argolla de platino en el dedo de su prometida de 30 años. Antes de que los recién casados partieran, se detuvieron en una oficina de telégrafos local para hacer saber a David Selznick sobre su secreto, enviándole un mensaje de seis palabras. “Casados esta tarde – Carole y Clark”. 

Una vez que cruzaron el límite estatal, la fiesta de bodas se efectuó en el Harvey House con una cena en Leedles y luego siguieron hacia la casa de Carole en Bel Air. A la mañana siguiente fueron interrogados en una conferencia de prensa concertada por la MGM y comieron el Brown Derby, uno de los restaurantes favoritos de la pareja. Carole le dijo a Louella que ella planeaba trabajar unos años más y luego tener familia. “Dejaré a Pa que sea la estrella y yo me quedaré en casa, zurciré calcetines y cuidaré a los niños”. En su primer aniversario, Carole cubrió el vestidor de Clark con satín, tul y flores e hizo un nido en el que depositó un gran huevo con la leyenda Parnell garabateado en él. 

En enero de 1942, Carole se unió a los esfuerzos de entretenimiento de la comunidad para ayudar a financiar la guerra. Al regresar de una gira de exitosas ventas de bonos, Carole se mató en un accidente de avión, que también causó la muerte a su madre, Bessie Peters, y a su amigo Otto Winkler. Un año más tarde, el desconsolado Clark se unió a la Fuerza Aérea, y voló en varias misiones de bombardeo sobre Alemania. Finalmente se casó dos veces más, Clark murió el 19 de noviembre de 1960, cinco meses antes de que su hijo John Clark Gable, naciera.

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