miércoles, 13 de junio de 2012

BOB HOPE Y DOLORES READE


 La constancia del amor. (69 Años casados)  Quizá la historia de Bob Hope y su mujer no sea muy conocida, pero merecen entrar en nuestra romántica selección. La pareja lleva casada felizmente la friolera de 69 años, nada más y nada menos. Con 99 años, Hope, ha convertido su amor en el mayor ejemplo de constancia de la historia de Hollywood. La música les unió y, casi siete décadas más tarde, siguieron tan enamorados como el primer día. 

Bob Hope solía ser un cliente habitual de los famosos clubs de música que proliferaron en la década de los años veinte en los Estados Unidos. Vogue Club, 1933: el actor acude con su amigo George Murphy y queda prendado de la joven cantante del local. “¡Qué voz tan dulce!” son las únicas palabras que consiguió articular. Esa noche supuso el inicio de un largo camino en común –Bob acudía todas las noches para encontrarse con ella y acompañarla a casa-. Cuatro hijos adoptados, Linda, Anthony, Kelly y Nora y cuatro nietos llenan de alegría la casa de este peculiar personaje que, aunque se considera el americano más americano, es inglés de nacimiento. Se casaron en 1934, y vivieron 69 años que fueron felices, aunque con la tormenta de las infidelidades de Hope y el continuo deseo de ella de verle convertido al catolicismo y compartir así la fe. "Dolores era una gran cristiana.Soportó esa gran debilidad de Bob con fe, oración y paciencia", afirma el religioso franciscano Benedict Groeschel, amigo del matrimonio, a quien Hope trató siempre con gran respeto. 

 El padre Groeschel cuenta una anécdota que el mismo Hope solía referir con nostalgia. En cierta ocasión fue invitado a un gran evento católico, y el cura que le presentó ante el público, antes de darle la palabra, quiso crear ambiente y contó hasta ocho chistes. Cuando por fin Hope tomó el micrófono y se hizo el silencio, miró a los asistentes y, muy serio, dijo: "Y ahora, recemos". La carcajada del respetable fue el inicio de una gran noche de humor del genio. Dolores, como Santa Mónica por su hijo San Agustín, rezó toda su vida por el alma de su marido, y pedía a sus amigos que hiciesen lo mismo. 

"Básicamente, el agente de su conversión fue su esposa", certifica el cardenal Theodore McCarrick, ex arzobispo de Washington, quien también trató a la pareja y conoció por otro lado la gran generosidad de ambos, quienes hicieron muchas obras benéficas e incluso adoptaron cuatro hijos. A Bob le entusiasmaba el catolicismo incluso antes de convertirse a él, según un reciente reportaje del National Catholic Register. Durante la Segunda Guerra Mundial acompañó más de una vez al célebre cardenal Francis Spellman, arzobispo de Nueva York, en sus viajes de apoyo a las tropas, y quedó asombrado de cómo le recibían los soldados católicos. 

El actor empezó a meditar en la religión con mayor intensidad cuando un problema en los ojos, ya siendo octogenario, le obligaba a pasar mucho tiempo a oscuras, consagrando a la reflexión las horas que antes dedicaba a decenas de ocupaciones. Y también pudo comprobar la caducidad de las pompas mundanas en 1991, cuando al asistir a la inauguración de la Biblioteca Presidencial Ronald Reagan, comprobó que no figuraba en la lista de invitados. Decir "¡Pero si soy Bob Hope!" apenas le valió de nada. Este choque contribuyó a hacerle meditar, algo que solía hacer también con el cardenal McCarrick. Poco después, a los 89 años, se convirtió, y vivió sus últimos diez años, al fin feliz con Dolores, y frecuentando la iglesia de San Carlos Borromeo, en el norte de Hollywood, cuyo párroco, Thomas Kiefer, le había bautizado. Murió en 2003, a las pocas semanas de cumplir 100 años. Dolores le siguió en 2011, también centenaria, con 102 años a cuestas. 

http://www.hola.com/cine/especiales/grandes_amores_hollywood/pagina_10_1.html

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