jueves, 16 de mayo de 2013

MERYL STREEP Y DON GUMMER

Más de treinta años juntos sin ninguna ‘tentación’. Eso, dice la actriz, prueba cuánto se quieren… No necesitaron
más que un par de meses para decidir casarse. Un caso raro en el mundo hollywoodense de hoy.

Quedarse callada de vez en cuando, aunque a todas vistas la razón está de tu parte, es una de las artimañas de Meryl Louise Streep (1949) que ella, con su sencillez habitual, confesó al periodista del NY Times que la entrevistaba a propósito del éxito de Los puentes de Madison. Ese filme donde ella, casada con el más aburrido de los maridos en el más aburrido paraje agrícola norteamericano, vive una ardiente pasión con un fotógrafo de paso, encarnado por Clint Eastwood, entonces un galán maduro súper tincudo. Todo aquello, en ausencia del dueño de casa y los dos hijos…

Valga comentar que cien veces se puede ver la película y en las cien habrá llanto femenino… Incluso, a más de un ‘pelo en pecho’ se le ha caído una lágrima: “Pues yo lloré a lágrima viva cuando vi finalmente la cinta de la que conocía algunos pedazos”, reconoció Don Gummer (1945) a la salida del estreno, con la Streep apretadamente de la mano. “Realmente, no sé cómo se las arregla mi adorada mujer para encarnar los más diferentes personajes, y a la vuelta de cada una de sus jornadas, entrar a la cocina y regalarnos un plato de gourmet”, comentó en cierta oportunidad, cuya admiración corre a parejas con su gran amor. Todo ello mezclado con una dosis de celos, de los que probablemente no podrá desprenderse.
‘‘Sé que no soy el hombre de tu vida’’, solía dolerse Don, cuando Meryl, después de un día intenso, o alguna preocupación familiar, le parecía algo ausente. Razones no faltaban…
Antes de conocerse, ella se enamoró del actor John Cazale, cuando ambos filmaban El cazador (1977), del gran Michael Cimino. El actor era un genio para encarnar los más disímiles roles, entre otros, el de Fredo, el débil hermano Corleone. Y como galán, rompía corazones a miles de fans que veían sus filmes hasta veinte veces, según declaraban, mientras los críticos más severos le auguraban una carrera gloriosa. El, sin embargo, vivía una amarga verdad: un cáncer a los huesos, sin tratamiento posible. Pese a los intensos dolores, se aguantó hasta terminar esa película.
Entre tanto Meryl, la única persona que compartía el secreto de Cazale, renunciaba a su trabajo para dedicarse a cuidarlo. En el hospital lo entretenía encarnando los más diversos personajes, cuando no le cantaba suaves melodías que parecían apaciguar sus terribles padecimientos. Murió (marzo de 1978), con apenas 42 años y un talento que le auguraba una gloriosa carrera. ‘‘Te llevas un pedazo de mí”, dijo ella al despedirlo en el cementerio Holy Cross de Massachusetts. Hasta allí sigue yendo con devota frecuencia, sin que Gummer ni nadie haga preguntas: “Así somos las mujeres judías’’, le dijo a un periodista inquieto que la siguió en una de esas visitas.
DEVASTADA, NO QUERÍA VOLVER AL DEPARTAMENTO que habían compartido en NY. Entonces su hermano Harry le sugirió mudarse al estudio de un amigo, que andaba de vacaciones: era Don Gummer… Y cuando él regresó, se convirtieron en inseparables a tal punto que demoraron un par de meses en casarse, el 15 de septiembre de 1979. Ese mismo año, la Streep había ganado el Oscar a la mejor actriz secundaria y el Globo de Oro por Kramer versus Kramer.
El matrimonio fue una sencilla ceremonia en la casa de los padres de la novia. Meryl —que había cambiado sus anteojos por lentes de contacto, se teñía rubia y ya no usaba frenillos dentales—, se veía realmente hermosa, ayudada por la profunda inteligencia de la mirada. “Yo estaba emocionalmente muerta y Don me devolvió a la vida”, admitió entonces. Los hijos no tardaron: Henry (1979), Mamie (1983), Grace (1986) y Louisa (1991).
Con niños y películas en paralelo, la actriz llegaba del trabajo a ponerse delantal y hacer la comida, como siempre había visto a su madre. Entre filmes y premios, se estrenó Mamma Mía (2007) donde canta y baila como si aquello fuera su oficio. Es que talento le sobra, y mucho. Ganó dos Oscar, un Cannes, dos Emmys, un AFI y un Bafta, entre varios otros… Y con sus seis Globos de Oro iguala a Jack Nicholson y con sus 15 nominaciones al Oscar bate todas las marcas.
Gummer, en tanto, tan pronto moldea sus esculturas como viaja para hacerse cargo de proyectos en EE.UU. y Europa. “Creo que con un marido con trabajo regular, por importante que fuese, no habríamos sido lo felices que somos con Don’’, dice ella. Pero eso sí: con la certeza de la absoluta fidelidad recíproca. De su primer matrimonio, ni Don ni ella ni siquiera se acuerdan. Ya son más de treinta años juntos, sin la más ligera tentación, ‘‘es la prueba de cuánto nos amamos”, asevera esta actriz, feminista y pacifista nata.
Entre sus millones de admiradores está Penélope Cruz, quien, en las pocas oportunidades donde han estado juntas, le ha dado sus guapos besos. “La adoro y me gusta demostrárselo”, afirma Pé… Meryl es para ella una diosa. Don Gummer está completamente de acuerdo con el calificativo.
Según Wikipedia Meryl Streep

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